Desmanagement

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Es curioso cómo a los españoles nos indigna más la falta de equidad (es decir, el “agravio comparativo”) que la falta de justicia (es decir, que algo sea “malo” en vez de “bueno”). ¿Inequidad o Iniquidad?

Esto es habitual en los trabajos y supone, quizás, el frente de gestión más complejo para los managers: lo “peor” resulta a veces más rentable en términos de satisfacción laboral (y, por tanto, productividad): mejor, pues, pagaros a TODOS un mal sueldo que pagar a todos un buen sueldo, pero a ALGUNOS un sueldo que levante agravios en el resto. ¿Mejor? Lee el resto de esta entrada »

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Mucho se habla sobre el conflicto / guerra / operación antiterrorista o genocidio (según las versiones) que ha emprendido el ejército israelí contra la franja de Gaza. La mayor parte de opiniones y análisis responden a los medios y fines de esa ofensiva, cuestionándola o justificándola, con no pocos argumentos históricos, sociales, o políticos.

La visión que te propongo difiere de todas ellas, porque se basa en el riesgo reputacional para Israel, independientemente de lo justo o injusto, lo bueno o malo, de la realidad.

La buena o mala reputación se basa, efectivamente y en primer lugar en lo bueno o malo de los actos, pero no es menos cierto que el riesgo reputacional se genera a partir de lo bueno o malo de las percepciones sobre esos actos.

Así, la gestión de la reputación actúa sobre lo disonante entre lo real y lo percibido. Si una realidad mala se percibiera bien, conviene actuar sobre la realidad antes de que la información sobre esa realidad se traslade a lo percibido.

Pero, poniéndonos desde el punto de vista de Israel: si una realidad buena (como piensa Israel que es su realidad) se percibe mal (como es el caso indiscutible en gran parte del mundo), hay que actuar bien sobre la percepción, o bien sobre la realidad y la percepción para conseguir remediar el daño reputacional a largo plazo.

Para probar que se percibe mal Israel, quiero escoger (deliberadamente) dos fuentes próximas a sus puntos de vista: por una parte, Carlos Alberto Montaner escribe en el diario elmedio -próximo a las posturas de Israel- del “asesinato de la reputación de un país“; por otra parte, Israeltoday destaca así los últimos resultados del Nation Brands Index, según los cuales Israel es la marca peor percibida del mundo.

El estudio mide, como es habitual, hasta 50 países en función de los atributos con que son percibidos (turismo, exportaciones, gobierno, inversión e inmigración, cultura y patrimonio, y su pueblo) y el peso de dichos atributos en la reputación global. Para elaborarlo, realizan la media de percepción sobre estos atributos de cada país a partir de 20.000 encuestas.

Pues bien, si hemos de considerar indiscutible, dado que lo reconocen los defensores de Israel, la mala reputación del país, deberíamos fijarnos en la gestión que Israel está haciendo de ese riesgo. Y esa gestión es prácticamente imperceptible, luego cabe calificarla de no exitosa, por tres motivos.

  1. Los impactos negativos sobre Israel de las imágenes de los ataques no son prácticamente contrarrestados con imágenes positivas de Israel que permitan compensar el daño reputacional, sino que son, y en mucha menor medida, excusados con argumentos (como el de los escudos humanos) que vuelven a la opinión pública sobre el tema que les perjudica. La imagen resultante no es mejor que la anterior, luego eso desvela que la táctica es errónea. Y lo es porque responder lo negativo con negativo (clásica táctica del y-tú-más conduce a negativo al cuadrado). Pero en lugar de cambiar la táctica, inciden sobre ella.
  2. La realidad del método elegido para la acción militar no ha tenido en cuenta, evidentemente, este riesgo, sino solamente el objetivo militar en sí. La pregunta que sobrevuela es si era posible alcanzar la eficacia de sus objetivos con la máxima eficiencia reputacional, esto es, con el mínimo impacto negativo en el riesgo reputacional. Es obvio que sí, luego, de nuevo, existe un error de management respecto a este riesgo.
  3. El patrimonio reputacional de un pueblo víctima como el judío de la Shoá o exterminio nazi se está dilapidando por la idea de víctima-verdugo que trasciende en calificativos como genocidio para describir la realidad actual. La pérdida de este activo (en términos reputacionales) de ser considerados un pueblo víctima durante siglos por el antisemitismo podría desembocar (si no lo está haciendo ya) en un reverdecimiento de dicho antisemitismo, lo cual da idea de la naturaleza estratégica de un riesgo que n0 se está gestionando como debería.

 

El problema endémico de España es su altísima tasa de paro. Aún cuando engancha ciclos de menor destrucción, o incluso de creación de puestos de trabajo, parece imposible bajar a medio plazo (al menos, dice el FMI, hasta 2018) de un 26% de desempleados, la mayor parte involuntariamente parados. Gente que quiere trabajar, pero no encuentra un trabajo. Una situación crónica, según informes prospectivos como éste de PwC con horizonte 2033.

Este problema no parece que pueda solucionarse con las políticas y acciones que se han llevado a cabo, ni por el lado del incentivo (por ejemplo, primas en la seguridad social a la contratación o formación bonificada), ni por el del desincentivo (como las reformas laborales que han flexibilizado el despido, reclamadas por los empresarios y ejecutadas por los gobiernos). Tampoco el país produce suficientes estímulos a la creación de empresas ni a laminar la burocracia y el desmanagement asociado a las duplicidades.

Es España un país de pymes y microempresas, donde las pocas empresas grandes que hay no crecen demasiado en proyectos, luego sólo van sustituyendo (cuando lo hacen) jubilados por jóvenes, en políticas perennes de crecimiento vegetativo. El auge de la automatización parejo a la tecnología tampoco parece ayudar, ya que es posible producir igual o más con menos empleados, situación que sólo la innovación podría paliar, y no parece que España esté en ese tren, o esté a esa velocidad.

¿Cuál es, entonces, la solución? Parece claro que se debería intentar un camino distinto para resolver el problema. El grupo político de moda, PODEMOS (@ahorapodemos) propone (ver programa) dos nada desdeñables: compartir trabajo y propiciar una renta básica de 650 euros para todos los españoles.

Si nos preguntásemos cómo un país como el nuestro, con buenas empresas, buenos trabajadores y una sólida estructura de servicios (turismo, hostelería, transporte, sanidad, etc) parece abocado a un paro nada friccional de una de cada cuatro personas, la respuesta es difícil. Explicaciones parciales (economía sumergida, falta de formación estratégica orientada al mercado, etc) o políticas (“esto es culpa de… poner PSOE o PP según el caso en la línea de puntos) no parecen rigurosas. No lo son, de hecho.

Quzá la única respuesta es que hay más oferta que demanda de trabajadores. O, lo que es lo mismo, más currantes que curro. Por esa línea, aunque con un mal ejemplo formal, parece que iba el presidente de la patronal, Juan Rosell, cuando dijo ayer esto

“En 1977 la tasa de actividad de las mujeres era del 28% y en 2012 es de 53%, con lo cual ha crecido en 25 puntos porcentuales”

Las manifestaciones de Rosell han sido fuertemente criticadas por inferirse de ellas que la mujer (o su incorporación al mercado) es la “culpable” del paro. Pero aparte del desafortunado ejemplo, también se puede inferir de lo que dice quien representa, se quiera o no, a una de las partes en materia laboral, la de los empresarios: que hay más currantes que curro.

Renta básica y partición de trabajo, sus implicaciones

Las dos propuestas de Podemos causarían un equilibrio que solucionaría el paro involuntario sin necesidad de volver las amas de casa (que no quisieran hacerlo) a sus hogares. La sucesión de acontecimientos, si este grupo político llegara a poder implementar sus propuestas (o sea, que ganase o formase parte del gobierno), y pudiese recaudar lo necesario para implementarlas (dos retos nada pequeños) sería razonablemente así:

  1. Implantación de la renta mínima de 650 euros mensuales por el hecho de ser español.
  2. Garantía de los servicios sociales del Estado de Bienestar (salud, educación, pensiones gratuitas y universales)
  3. Generación de derechos nuevos sufragados por el Estado de vivienda o transporte.
  4. La suma de las tres anteriores desincentivaría para trabajar a muy corto plazo a entre el 25 y el 29% de la población activa: por lógica, aquéllos que viven en zonas cuyo coste de vida -excluyendo vivienda y transporte- es inferior a esa cantidad, aquéllos sin ninguna carga económica previa -por ejemplo, los que tengan la vivienda pagada y no tengan créditos vivos-, y en general, aquellos cuyos salarios misérrimos -inferiores a 800 euros al mes- no les compensaran para trabajar, teniendo garantizados 650 euros sin necesidad de hacerlo. A medio plazo se incorporarían al grupo de “desocupados voluntarios”, entre un 10 y un 15% adicional de la población. Generando una clase social laboralmente activa (por razones de consumo y de deuda, especialmente) de entre el 56 y el 65% e la clase activa actual.
  5. De paso, se generaría a muy corto plazo el pleno empleo voluntario: todos los que quisieran trabajar tendrían ofertas de trabajo accesibles. Una situación muy diferente de la actual. Y una nueva clase social (similar, aunque distante de ella por recursos, a la jet set): los desocupados voluntarios. A Podemos tocaría lidiar las tensiones sociales entre ambas que a nadie pasan desapercibidas, pero nadie dijo que el reto no fuera complicado.
  6. Las implicaciones para la clase de trabajadores voluntarios serían, también, de lógica económica: habría más oferta que demanda laboral, luego, por la ley de la oferta y la demanda, a los trabajadores (y, especialmente, a los más cualificados), les llegarían ofertas de cambio de trabajo. Entraríamos en la competencia empresarial por el talento (inédita en grandes capas laborales españolas).
  7. Dicha competencia se traduciría en la laminación del desmanagement (la competencia por el talento exige talento directivo, ya que un desmanager que tiene 1.000 candidatos para sustituir cualquier puesto encubre su incompetencia sustituyendo al que gestiona y culpándole de su fracaso).
  8. También se produciría una notable inflación salarial, para retener el talento, y a la vez distanciar la oferta de salarios por trabajar de la renta básica por no hacerlo. Se pagaría más a los trabajadores que eligieran serlo, para incentivar que quisieran serlo. Dicha inflación salarial permitiría atraer talento de fuera de España, ante la situación de sobreoferta laboral y buenas condiciones. 
  9. Es decir, que por el lado positivo, la propuesta de Podemos (en este caso, la renta básica, y en una escala más atenuada, pero en el mismo sentido, la partición de los trabajos “compartibles”) ocasionaría el pleno empleo voluntario, la mejora en la calidad de gestión directiva y la notable mejora de condiciones laborales de los que eligiesen trabajar.
  10. Es cuestionable, por otra parte, que pudieran conseguir los fondos para llevar la propuesta a cabo; que no tuvieran que afrontar tensiones y envidias de los “trabajadores voluntarios” hacia los “desocupados voluntarios”; una nueva fragmentación de clases similar a la de las amas y amos de casa, y cierta (imposible de calcular) huida de las grandes empresas y capitales al exterior. Pero solucionando o gestionando estos retos, estamos probablemente ante la propuesta para acabar con el paro involuntario  más aparentemente plausible de las que se han hecho en democracia.

 

La destitución de Pedro J. Ramírez como director del diario El Mundo se puede entender de cuatro formas:

  1. Como resultado de presiones políticas a los editores (Unidad Editorial) motivadas por la línea editorial reciente del periódico que dirigía, particularmente en lo relativo al “Caso Bárcenas” (que afecta al PP nacional, partido político que sustenta al Gobierno de España), al “Caso Ignacio González” (que afecta al partido político que sustenta al Gobierno de Madrid) y a la imputación de la Infanta en el “Caso Urdangarín” (que afecta a la Casa Real).
  2. Como resultado de la caída de ventas de la edición de El Mundo en papel.
  3. Como resultado del fracaso de la estrategia digital de Orbyt, empeño personal del director de El Mundo para adaptarse a la caída de ventas en papel.
  4. Como resultado de su oposición a una operación corporativa que llevara a la fusión de El Mundo con otra cabecera nacional (presumiblemente la Razón o el ABC). Operación que, en cualquier caso, sería una estrategia de los editores para adaptarse a la caída de ventas en papel.

Bien podría ser una mezcla de varias de las anteriores. La versión del entorno del ya exdirector de El Mundo y su discurso de despedida apunta exclusivamente a la primera opción. Bien pudiera haber coadyuvado lo publicado en su caída en desgracia:

  • Éstos son los datos de julio de 2013 (vía AEDE), tras las exclusivas sobre Bárcenas a cargo de El Mundo: Cae un 13% interanual, cuatro puntos más que El País, y cinco menos que ABC:

  • El digital prnoticias lo tenía claro ya en agosto del pasado año: el caso Bárcenas causó directamente un mayor volumen de devoluciones del diario en los kioskos. Esto, aunque se deba directamente a lo publicado, es más achacable al abandono por parte de una base de lectores de corte conservador que a presiones gubernamentales.
  • El marzo y en septiembre, el propio diario publicaba denuncias de la Aeepp y el PSOE respecto al reparto discrecional (no correlativo a tiradas o difusiones) de la publicidad institucional, cosa que sí podría achacarse a represalias directas por la línea editorial. Un ejemplo claro cuenta con datos del propio Gobierno a demanda del PSOE respecto a la campaña “Hay salida” no son proporcionales a la tirada, ni la difusión, y “castigan” a El Mundo, El País, La Vanguardia o 20 minutos, primando a la Razón: La inversión concreta que hizo el Ejecutivo en esta campaña fue: La Razón, 73.103 euros; ABC, 57.351; EL MUNDO, 53.578; La Gaceta, 36.543; El País, 33.889; El Periódico, 22.361 y La Vanguardia, 18.179 euros.

Dando por hecho que, tras publicar los papeles de Bárcenas, no cabía esperar ayudas del Gobierno, ya que el caso perjudicaba la reputación del partido que lo sustenta, un periódico no existe (o no debería existir) por las ayudas del Gobierno, sino por el respaldo de sus lectores. Ésa es. al menos, la lectura liberal de la economía, ideología que El Mundo ha defendido a capa y espada bajo la dirección editorial de Pedro J.

En cualquier caso, es la lectura número 2 (la 3 y la 4, aún ciertas, apuntan a reacciones ante la caída de ventas), la que parece definitiva: caen las ventas, Orbyt no consigue remontar esa caída, surge la fusión como salida, Pedro J. se niega, el Gobierno no ayuda con publicidad institucional, y Pedro J. sale. Siendo todas ellas ciertas, apuntarían a un desmanagement: el director no ha conseguido un proyecto rentable, luego el Consejo de Administración le destituye. Ahora cabe esperar, cuenta @vectart, un acuerdo con Planeta (Editora de la Razón, Antena 3 o Playboy, entre otras) para la fusión El Mundo-la Razón, y una próxima aventura editorial de Pedro J (¿El Universal?) con el respaldo de los casi 20 millones de indemnización que recibirá y donde esperemos repita sus aciertos del pasado y no sus errores.

 

Durante este año no hemos escrito ni una sola entrada en este blog, los acontecimientos han sido tan nefastos en cuanto a la gestión de la crisis económica, que hemos preferido que hablaran por si solos. Aún así nos gustaría, para seguir con la tradición, dar los premios al desmanagement a los dos colectivos que se lo han ganado a pulso: los políticos españoles y los banqueros.
Por el contrario el premio al manager del año se lo damos al Cholo Simeone, el argentino se hizo con las riendas de un atleti en coma hace un año y, con su tesón, fe, carácter y empuje, ha convertido a los rojiblancos en campeones de Europa League y de la Supercopa de Europa con una brillante y apabullante victoria sobre el todopoderoso Chelsea.
Esperamos que 2013 sea un año mejor para todos y que tengamos tiempo para escribir alguna entrada, si es posible con alguna buena noticia, mientras tanto mis mejores deseos a todos nuestros lectores, amigos y managers (que haberlos haylos). Para los desmanagers, paro y su merecido.

Post de Javier López Recio para el Desmanagement

Pasado el ecuador de la tan temida cuesta de enero , la mayoría de los mortales ya se han olvidado de las listas de propósitos que se hacen tradicionalmente al arrancar un nuevo año. De hecho, tres semanas habrán sido más que suficientes para caer en la cuenta de que como buenos humanos, no hay día en que alguna de nuestras mejores voluntades se haya convertido, irremediablemente, en un mayor o menor despropósito.

Tampoco escapan a esta realidad quienes se esfuerzan en desarrollar día a día eso que se ha venido en llamar el management, entre nosotros, la gestión, sea de recursos materiales o inmateriales, euros, y sobre todo, personas. Porque no nos engañemos, estemos en el año 0 de nuestra era, o en el 2012, lo más difícil de gestionar y dónde mayores despropósitos se cometen a diario es en la gestión de recursos humanos.

Por eso, lejos de recomendar lo que deben hacer este año en pro de la excelencia en la gestión de personas, hemos preferido animarles directamente a colmarse de desaciertos. Aunque parezca lo contrario, los principios del desmanagement son casi tan difíciles de cumplir como las claves de una buena dirección, por tanto, si a finales de este año puede afirmar haberlos seguido, estará sobradamente preparado para hacer todo lo contrario. Lee el resto de esta entrada »

Ilustración: @milanrubio

Este breve croquis de opiniones y opinadores permite hacerse una idea de en qué medida la Sociedad General de Autores y Editores, en estos tiempos señalada por corrupta, ha sido capaz de algo inaudito: poner de acuerdo a todo el mundo, aún los irreconciliables entre sí:

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