Desmanagement

Fútbol, mordazas y ley anti-google: el desmanagement liberticida

Posted on: 13 diciembre 2014

canticosCoinciden y no por azar decisiones contestadísimas propias de un tipo de gestión específico del desmanagement, que se define por su superficialidad:

  • Una pública, la Ley Mordaza
  • Una mitad pública, mitad privada, de la mayor industria del ocio (el fútbol): la llamada #CánticosCorrectos
  • Y la tercera, más privada que pública, que afecta de lleno a los media: la ley anti-Google

Las tres, además de casi simultáneas, tienen en común tres cosas:

  • Podían haberse gestionado de otra forma
  • Son gestiones “ejemplarizantes”, de “mano dura” y de “tolerancia cero”, aplaudidas por los muchos “expertos”
  • Se demuestran superficiales y absolutamente inútiles para acabar con los problemas que tratan

¿Qué problemas son esos?

  • El eterno dilema entre seguridad ciudadana y libertad de movimientos, patente reciente en los intentos de acceder a España por la valla de Melilla, las protestas de las plataformas antidesahucios, y los escraches contra los políticos.
  • El fenómeno de los ultras en los campos de fútbol, patente reciente en la pelea en Madrid Río donde participaron aficionados de hasta cinco equipos y de hasta dos ideologías políticas donde murió Jimmy, ultra de los Riazor Blues.
  • Los límites de la propiedad intelectual, patentes recientes por las protestas de los editores de grandes diarios, agrupados por la AEDE, contra el servicio de sindicación de noticias Google News.

Las soluciones “mágicas”, “contundentes”, de “tolerancia cero” y demás sandeces con que las califican sus palmeros han pasado, en los tres casos, por la prohibición liberticida, el establecimiento de límites inmediatos a la libertad. Son, además, las más drásticas, con lo que España se convierte en pionera mundial y ejemplar por su dureza. El problema, más allá de ese coste, es que ninguna de las tres soluciona lo que buscaba:

  • La Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana convierte en sanciones administrativas lo que antes eran faltas incluidas en el Código Penal y, por tanto, sometidas a control judicial previo. Es decir, limita el derecho a la tutela judicial efectiva. Además, introduce nuevas conductas sancionables y legaliza las devoluciones en caliente de inmigrantes. Nada de eso solucionará ni la indignación ciudadana, ni la proliferación de protestas derivada de ésta, ni los intentos (¿masivos?) de entrada en el país por (¿ingentes?) masas de personas desesperadas.
  • La propuesta del Consejo Superior de Deportes y de la Secretaría de Estado de Seguridad de listar y luego expulsar a los grupos ultras de los estadios de fútbol, ha sido secundada por la Liga de Fútbol Profesional y anticipada por algunos clubes, el Barcelona (que expulsó hace años a los Boixos Nois), el Real Madrid (que reubicó a los UltrasSur y la semana pasada expulsó a perpetuidad a 17 hinchas previa denuncia de la LFP por gritar “Messi subnormal” y “Puta Catalunya”), y el Atlético de Madrid (que ha expulsado al Frente Atlético y prohibido exhibir pancartas con ese nombre). La prueba de la “efectividad” de la medida se pudo comprobar el pasado miércoles, cuando cerca de un bar frecuentado por Boixos Nois (recordamos: expulsados hace años) se produjeron sendos navajazos a ultras del Paris Sant Germain tras el partido entre ambos. Es decir, la medida “valiente” de “tolerancia cero” que pretenden generalizar, e incluso ampliar a la conveniencia de (algunos de) los cánticos que escuchen, no acaba con la violencia, ni la aleja de los aledaños de los estadios: es decir, además de arbitraria, ni soluciona el problema ni lo aleja del mundo del fútbol.
  • Por último, la llamada “ley anti-Google”, a no ser que pretendiera, por mor de la propiedad intelectual de los editores de los diarios sobre la información que publican (y los enlaces que la apunten), “acabar” con Google, se ha demostrado ineficiente para cualquier otra pretensión que tuviera: ¿Aumentar los ingresos de los autores y editores? Al revés, éstos descenderán entre un 25 y un 30% mínimo por la decisión de Google (derivada de esa ley) de cerrar su servicio Google News en España el póximo 16 de diciembre. Decisión ésta que no ha tomado en ninguno de los otros países donde se ha intentado regular la relación entre el servicio y la propiedad intelectual ¿Por qué? Pues porque, llevados por nuestro afán liberticida patente en otras regulaciones “contundentes” y “de mano dura” como la ley anti-tabaco, nuestra ley no permite a los interesados (autores y editores) que lo quieran ser indexados por Google. Simplemente, lo prohíbe e impone, incluso, el pago y la recepción de la tasa o multa. ¿Consigue entonces favorecer la propiedad intelectual? No, acaba con buena parte de sus posible ingresos: las visitas procedentes de Google permitían entrar en planes de medios y cobrar por banners a medios que, ahora, tendrán que cerrar al no aguantar la minoración de sus ingresos.

Hay que convenir que el dilema entre libertad y seguridad, o entre libertad y propiedad, son de los más interesantes, profundos y complejos que hay, y aplican a todas las esferas del management y particularmente a la gestión pública. Por ejemplo, afectan a temas como si obligar a fichar a los empleados o no, o si regular los precios de empresas privadas o dejar fijarlos al mercado. Complejos, porque suman cero. Complejos, porque requieren límites, pero no restricciones a total.

Sin embargo, las “soluciones” cortoplacistas sólo atienden a criterios propagandísticos del gestor, que exhibe esos parches como definitivos, además de ejemplares. ¿Habría habido alguna solución de verdad, o por lo menos más eficaz, a estos problemas, incluso partiendo del error de gestionar rápidamente y en caliente conflictos tan profundos?

  • La solución para balancear seguridad ciudadana y libertad de movimientos se llama conciencia cívica, y pasa porque los propios ciudadanos condenen planteamientos intimidatorios, los poderes públicos protejan la integridad de las personas y lugares, y la ley regule los límites. Lo primero se consigue a medio y largo plazo, y con educación, civismo, y expectativa de los beneficios del civismo, y lo segundo y lo tercero no precisan reformar lo que está presente en todas las legislaciones occidentales. O sea: te puedes manifestar pero si te pasas, tendrás consecuencias, pero éstas las decidirá un juez imparcial y justo.
  • La solución para el fenómeno ultra pasa por algo similar: que el resto de aficionados, que son mayoría, censure abiertamente los comportamientos excesivos, entre los que está la violencia, pero no deben estar gritos ni cánticos, ante la imposibilidad de que restringir estos sea equitativo, y la tontería de intentar limitar un cántico por “insultante” y otro no, puesta de manifiesto en ese trending topic de #CánticosCorrectos. Esa censura no se “consigue” por habilidad de ninguna gestión, se produce de forma natural, y de hecho se produjo en el partido del Vicente Calderón entre Atlético y Deportivo tres horas después de la pelea de los ultras: los aficionados pitaron a los ultras, y algunos compartieron sus bufandas con el equipo contrario en señal de confraternización, acto que fue aplaudido por todo el estadio.
  • Y la solución para el dilema entre propiedad intelectual y libertad en Internet pasa por permitir a los autores que lo deseen ser indexados por Google o compartir sus contenidos de manera libre (copyleft, se llama), y permitir a los que no lo deseen no serlo (cosa que Google permite y habilita).

La “tolerancia cero” es tan nociva como la “tolerancia infinita”. Nada hay más alejado del buen management que las medidas superficiales cara a la galería que, en base al mantra prohibicionista, imaginan que tendrán éxito por elevación. “Si prohíbes a la gente salir de su empresa en horas de trabajo, siquiera a desayunar o reunirse, o aumentas estas horas conseguirás que sean productivos”. Mentira. “Si haces más fácil despedir, seguro que contratarán más”. Mentira. “Si prohíbes beber (ley seca), evitas que la gente beba”. Mentira. “Si prohíbes las drogas, la gente no las consume ni las trafica”. Mentira. Y tantas y tantas otras. Falta un management del sentido común, el menos común de los sentidos.

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