Desmanagement

Inequidad, iniquidad y desmanagement en la sanción al Cholo Simeone

Posted on: 26 agosto 2014

Es curioso cómo a los españoles nos indigna más la falta de equidad (es decir, el “agravio comparativo”) que la falta de justicia (es decir, que algo sea “malo” en vez de “bueno”). ¿Inequidad o Iniquidad?

Esto es habitual en los trabajos y supone, quizás, el frente de gestión más complejo para los managers: lo “peor” resulta a veces más rentable en términos de satisfacción laboral (y, por tanto, productividad): mejor, pues, pagaros a TODOS un mal sueldo que pagar a todos un buen sueldo, pero a ALGUNOS un sueldo que levante agravios en el resto. ¿Mejor?

Puede parecer compleja la idea, que, insisto, es VERTEBRAL en el management y desmanagement de este país. Por eso, emplearé un ejemplo ilustrativo: la reciente sanción del Comité de Competición a ocho partidos al entrenador del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone.

Viendo la fuerte reacción del mundo del fútbol (y, particularmente, de la afición atlética), manifestada en las redes sociales (por ejemplo, en Twitter, los comentarios indignados hicieron simultáneamente trending topics las hashtags “Simeone” y “Y Cristiano“), se aprecia claramente que lo que ha indignado y molestado sobremanera a la gente es la comparación entre la sanción a Simeone y las sanciones -mucho menores- a otros entrenadores y futbolistas que cometieron -incluso en la misma competición, en el mismo partido, o incluso con el mismo oficio que Simeone- actos mucho más graves y fueron tratados con más benevolencia.

Ante esta realidad, la gente del fútbol reclama JUSTICIA, cuando sus argumentos están trufados de indignación por la INEQUIDAD de la medida. La sanción carece tanto de justicia como de equidad, pero indigna al pueblo más lo segundo, así que mi pregunta es, desde el punto de vista del desmanagement, qué es peor, siendo ambos principios malos. Veamos el caso:

La sanción a Simeone es INJUSTA, por tanto, ejemplo de INIQUIDAD (con i), por tres razones:

1. No tiene en cuenta las causas de la actitud que juzga. Ante una misma acción, no es lo mismo en derecho que sea reactiva que proactiva, y siendo reactiva, no es lo mismo que se reaccione ante algo manifiestamente injusto que ante algo justo. La acción de Simeone (la acción juzgada por el Comité) es una reacción ante el hecho incontestable de que no permitan durante un tiempo excesivo regresar al terreno de juego a su defensa, Juanfran, impactado en plena cara por la plantilla de bota de un contrario (de Coentrao, Coentraris), y que se retiró fuera del campo para ser atendido, pues la patada le provocó dolor y sangre, en una jugada que NO fue tipificada como falta, lo que es, también, injusto. Así lo cuenta El Confidencial:

Corría el minuto 25 de partido cuando, con 1-0 en el marcador, Juanfran y Coentrao unieron de forma brusca y fortuita sus caminos. El lateral del Atlético salió mal parado del encuentro y tuvo que retirarse a la banda para ser atendido por una herida en el labio. Cuando el internacional estaba listo para reingresar en el terreno de juego desde el lateral, el colegiado del choque no lo veía claro para autorizar la vuelta. Una tensa espera que se prolongó durante casi dos minutos. En esas, un Real Madrid con su medular dispersa pero con pólvora infinita arriba se acercó hasta en dos ocasiones a la portería defendida por Miguel Ángel Moyá. Una de ellas en un más que posible fuera de juego que el trío de peritos obvió. Aunque en el caso de Juanfran mediara la sangre, es cierto que a Ramos apenas tardó 25 segundos en concederle el regreso al campo tras un lance que le obligó a abandonar el césped de forma momentánea. Un escenario, siempre según Simeone, propicio para el cortocircuito.

Durante los más de dos minutos que no se le permite acceder al terreno al jugador del Atleti agredido, se permite atacar al Real Madrid aprovechando la superioridad de que un defensa contrario estaba herido (por ellos), fuera del campo. El Atleti tira el balón fuera hasta en tres ocasiones para permitir, como es habitual, que se autorice a su jugador la entrada en el campo, del que habia salido para no entorpecer el juego. Esta entrada NO es permitida por el árbitro, por tres veces. El árbitro pita esos balones fuera tirados por el Atleti como saques de banda favorables al Real Madrid, a quien insta a jugar, y que ese equipo, con poca ética, no devuelve el balón (como es habitual) sino que intenta tomar provecho de la situación de superioridad no olvidemos que provocada por la patada insancionada de Coentrao en la cara de Juanfran. Y el entrenador Simeone protesta por esta situación, lo que le ocasiona la primera sanción (la expulsión). Pero lo que el Confidencial subraya como causa interna es, como luego harán los aficionados, no la injusticia del asunto, de la que nadie habla, sino su inequidad: que ante una situación previa similar, se dejase entrar al jugador del otro equipo, Sergio Ramos (que se tiró al suelo simulando falta tras cometerla), en 25 segundos. Es el anticipo de lo que ocurrirá con su sanción.

2. La segunda razón de la injusticia de la sanción es que malversa el hecho juzgado cambiando su descripción, convirtiendo un par de collejas susceptibles de ser interpretadas (y no necesariamente) como menosprecio o falta de respeto al cuarto árbitro, en agresión. Ni al más férreo en convicción hincha del Atleti se le escapará que esas collejas puedan ser interpretadas a la hora de estudiar una sanción como falta de respeto (aunque es posible que no estuviera en la intencionalidad de Simeone esa falta de respeto, pero ya hemos dicho que a nadie le interesa la intención, porque se busca exclusivamente el castigo). Y a nadie puede escapársele que el Comité, al calificarlas de agresión, lo hace o porque el juez es incapaz por falta de luces (supuesto que obviaremos) o para incrementar el número de partidos de la pena hasta cuatro, y así conseguir que parte de la pena sea considerada “grave” y obligue a ser cumplida en una competición (la Liga, inmediata) distinta de la competición donde se produjo la acción (la Supercopa, futura). Esto, de ser cierto el segundo supuesto en vez del primero, es PREVARICAR: dictar una sanción a sabiendas de que es injusta. Las collejas, realizadas claramente con ánimo de llamar la atención del cuarto árbitro ante la injusticia que se estaba cometiendo y que el adversario aprovechaba, pueden haber molestado, de acuerdo, al “colectivo arbitral” al considerarlas menosprecio. El reglamento establece sanciones leves (que alcanzarían uno o dos partidos) por este motivo. Cambiar la descripción de la acción para forzar una sanción mayor (agresión) convierte la sanción en injusta. Para entendernos, es como si el Lute roba una gallina, en su huida un policía le dispara a él y da a una niña, y entonces describen el delito del Lute no como robo y huida, sino como intento de homicidio, porque tras su “delito” otro señor disparó a una niña. Esto pasó de verdad. Y fue injusto, también, porque el delincuente acusable del intento de homicidio sería, en cualquier caso (también cuestionable), el policía.

3. En tercer lugar, la sanción es injusta porque disgrega dos partes indisolubles de la falta para poder duplicar la pena impuesta. Simeone fue expulsado, y por tanto, sancionado en el campo. El estudio por el comité de esa primera pena puede ser incrementado, según el Reglamento, en dos partidos más sin poder entrenar a su equipo, en función de la gravedad de la acción por la que es expulsado (la protesta y/o su reiteración). Sin entrar en consideraciones sobre dicha “gravedad”, Simeone se retira (supuestamente) continuando la protesta, a tenor de la interpretación del árbitro y del Comité de su gesto de animar al público (gesto que realiza en todos los partidos, proteste o no, lo cual, al igual que la causalidad, siquiera se ha planteado). Y el Comité establece que esa supuesta “continuación de la protesta” debe sancionarse aparte, para así incrementar la pena. Es como dividir un delito de robo de peras en peras. Y esto sí que NO ha pasado antes.

Descritas han sido con cierta argumentación irrebatible no una, ni dos, sino TRES causas de injusticia. Y hecho lo cual atendiendo al derecho exclusivamente y no a posibles interpretaciones que justifiquen la acción, es decir, TRES causas de iniquidad que lo son sea lo de Simeone condenable o no lo sea, diré que dicha injusticia NO LE IMPORTA UN COMINO A NADIE. No sólo al Comité, que es obvio que no le importa porque le estorba su animus prevaricandi, sino que tampoco le interesa lo más mínimo a las partes interesadas (como el club) o a las afectadas (como sus aficionados que protestan por ello). ¿Y por qué no les interesa,  ni a ellos, nada la injusticia -flagrante, como se ve- del hecho? Pues porque les parece más claramente condenable su inequidad.

Y es que (y aquí  seré más breve, porque la explicación es menos inédita que la anterior) la sanción a Simeone contraviene la equidad exigible a cualquier organismo sancionador. La equidad obliga a TRATAR IGUAL AL IGUAL, de lo que deviene equitativo TRATAR SIMILAR AL SIMILAR y TRATAR DIFERENTE AL DIFERENTE. Y nos referimos a hechos, no a personas. Es decir, dos borrachos, que en estado de embriaguez se saltan la mediana, en momentos diferentes, se ponen a conducir esquivando coches de frente hasta que chocan con uno, matando a sus ocupantes tienen, en justicia, que ser condenados a la misma pena (durísima) de prisión. Si no lo son, o si a los tres o seis meses uno es indultado, pues eso es una INEQUIDAD. Especialmente molesta para sus víctimas y también para el otro borracho, que hizo lo mismo, y que aunque fue justamente condenado, no fue equitativamente tratado respecto al indultado, casualmente defendido por el hijo de un ministro. Esto, también, ha pasado. Y el otro borracho, que no se indigne tanto; al menos, obtuvo justicia. Más, como en el caso de Simeone, atenta contra la equidad, por innumerables ejemplos que no detallaré por hartamente repetidos:

1. En el mismo partido, un jugador del Real Madrid, Cristiano Ronaldo, proyecta varios puñetazos (esto sí es calificable como agresión) en la cara del defensa del Atleti Diego Godín, y en el anterior partido de la misma competición, otro jugador del Real Madrid, Sergio Ramos, proyecta varios puñetazos en la cara al delantero del Atlético de Madrid Mandzujic. El primero recibe como sanción (por el árbitro) una tarjeta amarilla y ninguna sanción posterior del Comité. El segundo ni siquiera la tarjeta amarilla.

MADRIDISTA O ÁRBITRO O MIEMBRO DEL COMITÉ (sinónimos): La de Ramos no cuenta, es en el partido anterior al de “lo de Simeone”

RESPUESTA: He aquí el vídeo de la de Cristiano, producido en el mismo partido:

2. MADRIDISTA O ÁRBITRO O MIEMBRO DEL COMITÉ (sinónimos): Es que es más grave si lo realiza el entrenador con un menosprecio al cuarto árbitro que la acción (aunque sea puñetazo) se la dé un jugador a otro jugador, que es un colega de profesión.

RESPUESTA: Un entrenador del Real Madrid, José Mourinho, introdujo el dedo en el ojo (eso sí que, como los puñetazos, es agresión) a su colega entrenador del Barça, Tito Vilanova (QEPD). El Comité le sancionó a DOS PARTIDOS (una cuarta parte de la sanción a Simeone), y posteriormente el Presidente de la Federación de Fútbol le indultó, con lo que, como los puñetazos, no obtuvo sanción alguna. He aquí el vídeo:

3. MADRIDISTA O ÁRBITRO O MIEMBRO DEL COMITÉ (sinónimos): Es que esto se lo han hecho a un árbitro y eso es más grave que si se hace a un jugador, y también que si se hace a un entrenador.

RESPUESTA: ¿Cómo? Pero bueno. Este caso, relativo a un entrenador y un árbitro, y con casuística similar, el alemán Bernd Schuster (a la sazón entrenador del Málaga y, oh, ex jugador del Real Madrid y del Atleti), su caso lo cuenta ABC:

Con tres partidos fue sancionado el alemán Bernd Schuster, técnico del Málaga el pasado curso, en una acción con alguna similitud con las infracciones cometidas por Simeone en la pasada Supercopa de España. En la última jornada de la pasada campaña, Schuster fue expulsado en el Málaga-Levante por «protestar de forma ostensible y reiterada» una decisión arbitral, saliendo «de su área técnica, y simultáneamente empujar levemente, en señal de desconsideración, al cuarto árbitro, cuando éste se dirigió a él para que cesara su actitud».

«Una vez expulsado y habiendo abandonado el banquillo, se situó en la entrada de los accesos a vestuarios. El cuarto árbitro dándose cuenta de este hecho informó al delegado de campo en los minutos 74 y 80 para que el entrenador abandonase dicha zona, haciendo el entrenador caso omiso a dichas indicaciones que el delegado de campo le transmitió», añadió en el acta Eduardo Prieto Iglesias, árbitro de ese encuentro, disputado el pasado 16 de mayo.

Hay muchas más razones. Menciono tres y tres para dejarte, lector, ante las mismas razones de iniquidad que de inequidad y que juzgues el énfasis e importancia que darle, no a este caso, que es “cosa juzgada”, sino a tu esquema de valores. ¿Por qué crees que te resulta peor la inequidad? ¿No es, acaso, peor la injusticia? ¿Esclavizar a los negros durante siglos no era, acaso, injusto, de por sí, independientemente de que a los blancos se les tratara mejor? Y, sin embargo, Homo sum, humani nihil a me alienum puto (Hombre soy; nada humano me es ajeno): lo verdaderamente “puto”, vocablo latino para “ajeno”, es la falta despreciable de equidad. Porque asumimos que la justicia es utópica, pero la equidad no. Y por esto, mi último ejemplo, con que concluyo:

Resulta particularmente mencionable, por ser su castigo similar en gravedad al ejecutado contra Simeone, la agresión e intento de asesinato del jugador (no diré de qué equipo) que llamaremos “Pepe”, a su víctima, que llamaremos, por lo que le cascaron, “Casquero”, en la que supone la acción más vil y repudiable, más merecedora de desprecio, jamás perpetrada por ningún jugador de fútbol en activo. Es obligado señalar que “Pepe” recibió una sanción de 9 partidos, uno más que el “merecido” por las collejas de Simeone. Es obligado señalar, además,  que mientras Simeone no podrá desarrollar su trabajo, este agresor, Pepe, sí lo podrá hacer, pues está en activo. Y es obligado señalar que su sanción, al no ser a perpetuidad, carece de justicia. Al no ser proporcional a otras (como la posterior a Simeone, e incluso a Cristiano, o a Ramos, o a Schuster,  o a Mourinho, o las anteriores y posteriores en el devenir de los tiempos), carece de equidad. Y, por lo que pudo haber sido de su víctima, por otras víctimas de la iniquidad, la inequidad, o la violencia, carece de compasión y humanidad. No pondré ese vídeo. Qué asco y qué miedo.

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