Desmanagement

Bárcenas y el Dilema del Prisionero

Posted on: 19 julio 2013

Ante todo, para leer este post, es precisa una de las cualidades del manager (por extensión, su ausencia supone uno de los principales vicios del desmanager); la empatía. En un caso como el del ex tesorero del Partido Popular, resulta inevitable (y razonable) el prejuicio (otro de los principales vicios del desmanager). Pero ahora vamos a JUGAR. Y en el juego, el prejuicio penaliza. Y la empatía combate el prejuicio. Así que vamos a prepararnos para ponernos en el lugar del otro, sea el otro el que sea. Seas de izquierdas, de derechas, mediopensionista, estés asqueado, harto o divertido con el caso Bárcenas, para jugar a esto hay que borrar la traza y tirar los dados.

Mi tesis es que Bárcenas está jugando con el PP y viceversa. Entiende que con esta tesis es absolutamente irrelevante que los elementos del juego (Bárcenas, sus papeles, el PP, sus SMS con el Presidente del Gobierno, su dinero en Suiza, los juegos de Tronos con Gallardón, con Cospedal, con Rubalcaba, y todo lo demás) sean verdad. Son como el dinero del Monopoly: elementos de un juego, y como tales, da lo mismo que sean verdad, e incluso podría beneficiar al jugador que los utiliza que no lo fueran, aunque lo sean. Para el objeto del juego, lo son.

Sigo el argumento: Bárcenas está jugando a un juego que él no se ha inventado. Se trata del Dilema del Prisionero. Y no está jugando a esto desde la semana que lleva encarcelado. Lleva jugando a esto más de 20 años.  Las reglas de este juego son sencillas, y su aplicación, infinita:

La policía arresta a dos sospechosos. No hay pruebas suficientes para condenarlos y, tras haberlos separado, los visita a cada uno y les ofrece el mismo trato. Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a la pena total, diez años, y el primero será liberado. Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y será el cómplice quien salga libre. Si ambos confiesan, ambos serán condenados a seis años. Si ambos lo niegan, todo lo que podrán hacer será encerrarlos durante seis meses por un cargo menor.

En este dilema singular, los personajes son plurales: dos presos, y la policía. En el dilema del prisionero de Bárcenas, contamos con dos presos (Bárcenas y el Partido Popular) y la sociedad, que hace el papel de policía, a quien le interesa la confesión de los dos.

Pero al principio del post te pedía empatía para combatir el prejuicio. Y esa empatía es necesaria para pensar no ya lo que te interesa en cuanto parte de la sociedad (de la policía), sino qué le interesa a los jugadores. Lo siguiente es una matriz que te puede acercar a ese interés:

En la matriz de Bárcenas y el PP, los ejes cambian un poco, pero el resultado no cambia nada: Bárcenas puede “callarse” o “delatar”; y el PP puede “ayudarle” o “despreciarle”. Nos ofrece cuatro opciones que seguro han pasado por la cabeza de ambos:

  1. Bárcenas calla lo que sabe, y el PP le ayuda. El juego llama RECOMPENSA o COOPERACIÓN a este movimiento, que termina con ambos satisfechos. La aplicación de la teoría de juegos a la motivación de personas, empresas, gobiernos o incluso seres celulares dice que no se da, porque ni la mentalidad de maximizar la utilidad es común (la desgarran el egoísmo y el altruismo), ni la desconfianza de la información asimétrica (unida a lo incentivada que está la traición, en ambos casos) lo permiten. En ningún caso el poseedor del secreto coopera antes (en todo caso espera y amenaza). Éste fue el juego de Bárcenas que trazan los SMS con Rajoy, y pareciera que incluso el de Rajoy con él, pero en ningún caso era un juego de suma cero. Ambos jugadores, de ejecutarlo, habrían alcanzado el llamado Equilibrio de Nash (sí, el de Una mente maravillosa).
  2. Bárcenas delata al PP, y el PP le ayuda. El juego se basa en que ambos funcionan por utilidad. Es decir, que Bárcenas delataría al PP en este caso buscando que el PP le ayude para que no le delate más. Sin duda es el juego de Bárcenas desde que es prisionero de verdad, es la jugada más peligrosa (pues pueden hundirse los dos, y puede terminar con uno derribando un Gobierno y pasándose media vida en prisión), pero es obvio (por los SMS) que él ha buscado antes la mutua cooperación, la recompensa, y la actitud en el juego de su adversario le ha mostrado que iba a ser traicionado. Pues bien, en esta tesitura, la jugada de Bárcenas es la única posible y, por tanto, la mejor. Pero sólo lo puede ser si cuenta algo, pero no lo cuenta todo. En el momento en que lo cuente todo, pierde mucho, y aunque el otro (el PP) pierda mucho, esto no es la Biblia (que me arranquen un ojo si al otro le cae el doble). Bárcenas ha pasado del movimiento 1 al 2, y, aún ahora, se calla cosas (probablemente los nombres y cantidades de los pagadores de las mordidas, los empresarios beneficiados, el verdadero poder, el verdadero jugador). Ha dado un par (Villar Mir, Sacyr), pero apenas enseña el as que guarda.
  3. Bárcenas calla lo que sabe y el PP le traiciona. Sin duda, es el juego de Dolores de Cospedal. Nada más salir a la luz el escándalo, juega su mano y presiona para que sea despedido. Ejecuta la traición, sin importarle las consecuencias. Busca la jugada del pago del incauto, que termina con Bárcenas 20 años en la cárcel, y el PP lamentando haber elegido la oveja negra. En este juego, la información es asimétrica, y que ésta haya sido la jugada de Cospedal es, para mí, una prueba palmaria de que, de existir ese pago de 200.000 euros para su campaña (aunque ya hemos dicho que da lo mismo que existan o no, ya que están en el juego), ella no lo sabía. De hecho, la jugada es efectivamente el pago del incauto, pero más parece el pago de la incauta.
  4. Bárcenas traiciona al PP, y el PP traiciona a Bárcenas. Es la jugada del mutuo castigo, que yo llamaría la jugada de los desmanagers. El castigo, aunque mutuo, es inferior a si uno traiciona y el otro no, está claro, pero, no lo olvidemos (ahora sí, rescata tu papel de policía social), ésto es lo que más conviene a la sociedad, que también juega, especialmente a través de los medios (El Mundo, El País, ABC, etc). Parece que todo apunta a esta salida, en la que los dos demuestran que jugaron mal, puesto que perdieron ambos. Es cierto que la sociedad (como la policía en el Dilema del Prisionero) influye en el juego, que éste sería más fácil si los jugadores pudieran “pactar tranquilos”, que el Equilibrio de Nash, por razones de mutua utilidad, estaría más que garantizado, Pero la policía juega en este mundo de atracadores.

El caso es que el juego no ha terminado, y mientras no termine, puede acabar de cualquiera de las cuatro maneras. La sociedad seguirá intentando que uno de los dos confiese, a fin de que la tensión provoque que confiesen ambos. Pero la sociedad puede perder si ambos deciden cooperar, y así minimizar las pérdidas.

Si no fuera porque nos jugamos tanto, lo cierto es que el dilema es un verdadero gozo y disfrute.

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