Desmanagement

Inside job: del desmanagement al tsunami financiero

Posted on: 31 marzo 2011

Por Sebastián Trivière-Casanovas, Director General de Educa-training

A menudo, se oyen declaraciones de buenas intenciones desde la empresa y son muchos los CEO’s y directivos a los que se les “llena la boca” de honrosas palabras sobre la importancia de la ética en los negocios, incluidos los financieros. Sin embargo, y como dice el dicho castellano “hechos son amores, y no buenas razones”… y por no seguir esta máxima son muchos los ciudadanos y empresas de todo el mundo que tras confiar en algunos bancos,  grandes ejecutivos, controladores de inversión y hasta reguladores y políticos, “fueron a por lana, y salieron trasquilados”. Esta es, en resumen, la lectura en clave de ética que puede sacarse de “Inside job”, una película documental que obtuvo el Oscar 2011 en esa categoría y que ha sido calificada por el crítico de cine Carlos Boyero como “una extraordinaria película de terror”.

Y no es para menos, ya que desde el punto de vista ético, lo ocurrido con el crash financiero de 2008 es una auténtica pesadilla y todo lo contrario de lo aconsejable tanto desde el punto de vista humano, como de la empresa y de gestión. La película, en la que se entrevista a profesionales de todas las escalas y sectores implicados, desgrana la cadena de tropelías éticas cometidas durante años que desembocaron a la postre en una crisis cuyas consecuencias se siguen pagando en todo el mundo a día de hoy. Las verdades que cuenta esta cinta son justamente las que se guardaron los culpables de esa hecatombe financiera: su mayor pecado, por tanto, fue mentir y la madre de esas mentiras fue otro capital agravio, la avaricia.

Ambos son en sí mismos enemigos de la ética y como tales lo son también de la gestión ya que quien no mantiene unos valores mínimos de integridad en la venta de su negocio, difícilmente los mantendrá en otros ámbitos como los recursos humanos, la administración, o no digamos ya en su responsabilidad con la sociedad… La avaricia lleva a la caída en otras faltas por ignorar una de las máximas de la ética: no quieras para los demás lo que no quieras para ti mismo. Pero “las mentiras tienen las patas cortas” y es difícil que quien se parapeta en el engaño no sea descubierto tarde o temprano. De nuevo, cae por su propio peso una lectura clave para la gestión, véase, que aunque a veces haya que actuar en el corto plazo, debe hacerse con miras al largo plazo ya que de otro modo el negocio puede caer tan rápido como se levantó.

Finalmente, la película también es una llamada de atención sobre una de las cuitas no resueltas en este embrollo y es que aunque normalmente “el que la hace, la paga”, en este caso, e inexplicablemente, el ladrón anda suelto. Desgraciadamente, pasan los siglos y hasta los milenios y sigue resonando en el aire la queja romana “Quosque tándem abutere Catilina patientia nostra?”. ¿Quién lo acallará?

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