Desmanagement

La ley Sindesmanagement

Posted on: 22 febrero 2011

Mucho se ha escrito sobre la Ley Sinde. Concretamente, casi dos millones de páginas la glosan, más de 230.000 blogs, y centenares de miles de twits (a un ritmo de entre cinco y diez por minuto) que vertebran en casi el 100% de los casos la oposición frontal del mundo de Internet a sus preceptos.

La Ley Sinde pretende, en una frase, preservar la propiedad intelectual agilizando los trámites necesarios para evitar que se vulnere, particularmente, en los sitios web P2P donde las personas comparten canciones, películas, libros y demás. Casi nadie discute su fin (la defensa de los derechos morales y económicos de los autores), pero casi todos discuten dos cosas:

  • sus medios, sobre todo la creación de una Comisión gubernamental y su intervención presumiblemente arbitraria en el proceso, donde sólo interviene el poder judicial al final,
  • y su efectividad, dada la dispersión geográfica de los servidores que albergan estos sitios web y la facilidad de abrir nuevos canales de intercambio de archivos.

En el camino, para lo que sí ha servido es para forzar la dimisión como Presidente de la Academia de Cine de uno de sus partidarios, el magnífico director de cine Alex de la Iglesia, a quien de paso han dejado sin Premio Goya por Balada Triste de Trompeta. De la Iglesia ha demostrado una actitud dialogante, doble reunión física con twitteros incluida, y por eso se ha ganado el respeto de todos (fabuloso su diálogo en Twitter con Teleoperador).

La solución es la Navaja de Ockham

La filosofía oportuna para cualquier conflicto de gestión (y éste lo es) radica en buscar la mayor utilidad (o felicidad) para todas las partes. Por lo que la decisión de gestión adoptada (la Ley Sinde) es obviamente un ejemplo de desmanagement: no contenta a nadie, no sirve a nadie.

  • Los intercambios y descargas de archivos por Internet se seguirán produciendo, por lo que no contenta ni sirve a los autores.
  • Los internautas se ven tachados de delincuentes, y se exponen en determinados casos a cierres arbitrarios, por lo que no contenta ni sirve a los internautas.
  • El Gobierno que la ha aprobado, y la Oposición que la ha apoyado, serán penalizados en las urnas (el movimiento No les votes en Internet y en Twitter es un clamor), por lo que no contenta ni sirve a los políticos.

La solución a tanto despropósito es, precisamente, el “sindesmanagement”, es decir, buscar el equilibrio que proporciona la simplicidad de la Navaja de Ockham. O, dicho de otra manera, el principio KISS (Keep it Simple, Stupid!), en base a tres criterios razonables:

  1. No es posible ponerle puertas al campo: el progreso es inevitable, y el intercambio de archivos por Internet  (y también su descarga), irrefrenable.
  2. Nos interesa (nos contenta y nos sirve a todos) que los autores sean recompensados por sus obras: a los autores, porque les incentiva a trabajar; a los internautas, porque desean acceder a sus obras; y a los políticos, porque la política sin cultura es la dictadura del aburrimiento (ahí está el principio Panem et Circenses de Juvenal)
  3. Luego la solución estriba en gestionar ambos intereses.

Ante este sencillo reto,

  • los políticos pecan de taparse un ojo (el que vería los intereses de los internautas y lo inevitable del progreso),
  • y un gran número de los internautas de taparse el otro (el que vería las consecuencias de ese progreso en términos de desincentivar la creación).

Si bien es cierto que propuestas (del lado internauta) como la de modernizar los modelos de gestión de la industria del ocio y la cultura pueden ser útiles. Ahí están los conciertos en directo como forma de recompensa para los músicos (o el modelo Spotify, o el modelo iTunes Store), que incluso esconden (o muestran) ventajas de difusión para ellos. El problema es que replicar esos modelos en cuanto al cine o los libros no es tan sencillo, y el avance en la velocidad de descarga y en los dispositivos hace prever deterioros progresivos en ambas industrias.

La solución está en la subvención

Por su simplicidad, y por su utilidad, la solución de gestión idonea está frente a los ojos de todos, si no se empeñaran, todos, en ser tuertos en el país de los desmanagers. Y dicha solución radica en la revisión de los criterios de subvención, incorporando el intercambio de archivos como un indicador de demanda que favorezca la compensación a los autores en pro del interés público.

La intervención del dinero público en la industria es objeto de no pocas críticas, muchas de ellas fundadas, otras no.

  • Las críticas fundadas responden a la arbitrariedad de los criterios de los gobiernos para concederlas: es cierto que muchas veces se subvenciona con dinero de todos (que no de nadie) productos o servicios poco demandados, o poco útiles.
  • Las críticas infundadas responden a planteamientos extremos de eficiencia de los mercados, y ya han sido suficientemente rebatidas por la crisis: los mercados precisan de cierta intervención que garantice la equidad y frene los abusos. Por ejemplo, es sano que se incentive la competencia para evitar el monopolio, y nadie discute que se financien públicamente determinados servicios, como los transportes, porque nadie quiere pagar 6 euros por un billete de metro, que viene a ser su coste real).

El problema es detectar la demanda para vincularla a la subvención. Asumiendo, de nuevo con la navaja de Ockham en la mano, que la cultura es necesaria, y que el progreso frena los mecanismos eficientes para su distribución (principios que justifican la necesidad de intervención), lo sencillo es darle más subvención no sólo a quien venda discos en las tiendas físicas de música (o los haya vendido en el pasado), no sólo a quien venda libros en las librerías (o los haya vendido en el pasado), no sólo a quien llene salas en los cines (o las haya llenado), sino a quien sea escuchado en los smartphones, leído en los eBooks, visto en los iPads. Esta solución:

  • Contenta y sirve a los autores, que mantienen un incentivo a su creación, y además se ven beneficiados por un nuevo canal de distribución de la misma.
  • Contenta y sirve a los internautas, que se ven reconocidos por la res publica, ratificados en cuanto partícipes de la cultura que consumen, en mayor medida que antes,
  • y contenta y sirve a los políticos, quienes cuentan con un indicador para estimar la demanda que mide no ya consumos pasados o futuros, sino demanda presente de los bienes culturales que se producen.

Copyleft de la idea: Francisco Álvarez Cano
Copyleft del post: Desmanagement
Copyleft de la infografía:
Ciudad futura

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1 Response to "La ley Sindesmanagement"

Me parece una idea fantástica, ¡felicidades!

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