Desmanagement

El desmanagement del taxi

Posted on: 18 diciembre 2009

El taxi es un servicio público peculiar, porque es el único que compagina cuatro circunstancias aparentemente contradictorias: se considera, trata y privilegia como servicio público (es decir, “de todos”, no como dijo alguna política, “de nadie”); es rentable para quienes lo ejercen, no genera déficit público (como sí lo hacen, para hacer asequible su precio, los trenes, o los hospitales públicos); se ejerce de manera autónoma a lo público, aunque regulada (más o menos como todo, aunque se regula y pacta el precio, más o menos como casi todo, v.g. las utilities); y está dentro de lo que puede considerarse “servicio de lujo” (nadie se imagina un obrero cogiendo un taxi para ir a la obra, ni un lechero para acudir a su lechería, aunque ocurra ocasionalmente).  

Asistimos a una verdadera rebelión de carácter sindical (entre autónomos), lo cual alimenta la paradoja, ante una ley que, dicen, incrementará la competencia en el mundo del taxi. Por lo visto, la Ley Ómnibus introduce la opción en su articulado de que otros autónomos actualmente en paro puedan ejercer ese servicio (aunque los legisladores dicen que no afecta al taxi, los taxistas han interpretado que sí). A priori, parece que eso dará empleo a autónomos con coche que lo hayan perdido (eso parece una ventaja), y al introducir competencia en el mercado, según el concepto liberal, hará más asequibles los precios, convirtiendo el servicio en algo más accesible a más población (eso también parece una ventaja).

Los taxistas actuales se oponen por lo que parece un inconveniente, que es que esa nueva competencia les quitará negocio, como Telefónica o Microsoft se opusieron en su día a la entrada también en el mercado de nuevos competidores. Es obvio, y, pese a las formas un tanto agresivas (en los tres casos, taxistas, Microsoft, Telefónica, aunque más piqueteras y violentas las de los taxistas), que están en su derecho de quejarse, pero parece más bien un enroque de quienes no han sabido, en décadas, innovar en el servicio, ni adaptarse al cliente, sino sólo encarecer más y más el precio.

Este gremio en otros países incorpora servicios conjuntos a varios clientes, arbitrando y repartiendo el coste, utilizan Internet, dan servicios adicionales (al estilo de Pepe-Car en España con sus coches de alquiler para eventos, coches de tipo limusina, elección de música por el cliente, distintos ambientes, etc), negocian el precio, intensifican la experiencia del cliente (con algo más que la radio o el aire acondicionado), o incluso permiten el pago por móvil. Aquí sólo escuchan a Federico Jiménez Losantos, rajan contra el tráfico (en gran parte provocado por ellos), rajan contra el Gobierno, aturullan al viajero con la insoportable tonadilla de su emisora de radio-taxi durante el viaje, conversan con otros taxis o por el móvil durante el trayecto y, sobre todo, cobran, haciendo uso de un monopolio que, como es ley de vida, se les escapa porque la modernidad no entiende de derechos inalienables ni de casta. Perderán, por desmanagers.

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3 comentarios to "El desmanagement del taxi"

Los taxistas, en su mayoría son un cáncer para esta sociedad. Trabajan con precios prohibitivos para la mayor parte de los ciudadanos, suelen ser mal educados, malos conductores y si te descuidas y no conoces la ciudad te atracan dando un rodeo de mil demonios. Hace poco en Madrid un taxista me quiso llevar desde Atocha hasta Gran Vía por la M-30 pensando que debía ser de fuera. Si ya me caían mal la mayoría, despues de esta huelga salvaje han enseñado su verdadera cara. Los salvajes que pegaron a los taxistas que si que querían trabajar deberían perder su licencia y pasarse unos cuantos días en los calabozos reflexionando. Ya lo decía un amigo “la mayor parte de la gente tiene un oficio y además conduce, los taxistas sólo conducen y encima lo hacen mal”.

Estoy de acuerdo con Francisco. La liberalización del sector es necesaria, más aún con los tiempos que corren. Auguro que cuando la ley se ponga en marcha, miles de ciudadanos saldrán a las calles con sus coches, furgonetas y carros de caballos en busca de clientes a los que llevar de un lado a otro. Probablemente en no muchos años Madrid se parezca un poco más a Calcuta, ciudad infestada de taxistas amateurs cuyo único medio de vida es hacer slalon sobre cuatro ruedas.

De hecho, creo que nuestro modelo económico -ya olvidada la construcción como motor de la economía- podría basarse en el sector del taxi y en la venta ambulante.

PD.: Se me ha ido la olla con el comentario. Espero sepáis comprender lo que hacen las resacas mal curadas.

[…] José Luís Funes, Presidente de la Gremial del Taxi, por promover una huelga en lugar de la modernización y el abaratamiento de sus cada vez menos utilizados servicios “públicos”: El desmanagement del taxi […]

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